LAS PENAS y ALEGRÍAS DEL MEDIO AMBIENTE, sus políticas y sus políticos.

viernes, 4 de mayo de 2012


ECOLOGÍA Y SOCIEDAD
Las pulgas resisten


De adolescente, pasaba los veranos en Deba (Guipúzcoa) con la familia y la panda de amigos. Las mañanas de sol, no muchas, nos tumbábamos en la playa alejados de los toldos de los padres, para eludir su control, y alejados del límite de la pleamar, para evitar las pulgas. No piensen en las pulgas habituales, sino en los Copépodos saltarines (Talitrus saltator) que viven en los arenales playeros. Las pulgas de arena son inofensivas, blancas y brillantes. Las más grandes llegan al tamaño de una alubia pequeña y sus caparazones articulados actúan como resortes que se sueltan de golpe y las catapultan a un palmo de altura. Una proeza para su tamaño.

Las pulgas de arena comen detritos orgánicos y les encanta vivir debajo de los montoncillos de algas y palos que deposita el mar en la orilla. Allí están frescas, tienen comida y escapan de los pájaros. Si no hay algas, se entierran bajo la arena donde siempre hay humedad. Sus organismos son extremadamente delicados y sensibles a la contaminación. En realidad, actúan como “indicadores” fiables de la salud de una playa. Su brújula interna, astronómica, las hace huir siempre hacia el mar y raramente saltan en dirección a tierra.


En Deba, removíamos la arena con los pies y sacábamos a las pulgas de su sopor. Las chicas gritaban cuando las sentían brincando sobre sus piernas. Con el paso de los años, las pulgas se murieron por la contaminación que arrastraba el río, aguas fecales y productos químicos vertidos por las industrias de la cuenca del Deba. Luego, ya casado, mi mujer me descubrió Comillas (Cantabria) y comprobé que su playa tenía pulgas.

No duraron mucho. A mediados de los años noventa se contrataron máquinas de limpieza de playas y los arenales sufrieron una sacudida. Los tractores y sus rejas de cribado aplastaban y revolvían la arena hasta los 10 cm de profundidad, eliminando los montoncillos de algas y alterando la delicada biología de la playa. Comillas creció y sus aguas negras, sin depurar, contaminaron la arena. Los filtros de cigarrillos, cargados de nicotina concentrada que actuaba como fuerte tóxico, no ayudó. En el año 2000, la playa perdió la bandera azul, pero hacía años que las pulgas habían desaparecido.

Playa de Oyambre. Pequeños restos de algas y palos donde prosperan las pulgas de arena

Tres kilómetros hacia el oeste, la salvaje playa de Oyambre mantenía una gran población de pulgas de arena. Luego, llegaron hasta allí las máquinas limpiadoras, las aguas contaminadas de la ría de La Rabia, de un par de campings y de varias estabulaciones de vacas (purines). Además, las algas de arribazón, el hábitat preferido por las pulguitas, son recogidas sistemáticamente por grandes tractores que negocian con la Oca (Gelidio). 

Recogida de algas de arribazón en la playa de Oyambre. Mayo 2012

En el verano de 2011 descubrí algunas pulgas, pequeñas, en el extremo más occidental y virgen de la playa. El 2 de mayo de 2012 encontré media docena. Para salvar a las pulgas basta con mantener unos pocos metros de playa virgen, sin pasar por ellos las máquinas y dejando en paz unas pocas algas. Las playas norteñas sin pulgas son playas enfermas o moribundas. 

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