LAS PENAS y ALEGRÍAS DEL MEDIO AMBIENTE, sus políticas y sus políticos.

jueves, 1 de agosto de 2013

COMILLAS Y EL JARDÍN DE SOBRELLANO
Relato corto de una miseria


Parque de Sobrellano. A la izquierda, la zona vallada delimita una
parcela privada, protegida y cuidada

El lunes 29 de julio, el diario regional de mayor tirada en Cantabria publicaba una reseña de su corresponsal en Comillas. Al parecer, a petición de un grupo de vecinos de la villa y bajo imposición del Excmo. Ayuntamiento de Comillas, se había procedido al desbroce de una de las parcelas privadas anexas al Palacio del marqués de Comillas o de Sobrellano. No fue una limpieza jardinera, sino industrial, sin concesiones, propia de esas excavadoras del Amazonas que se llevan por delante todo lo que encuentran, incluidos indios aborígenes.

La espeluznante fotografía que ilustraba el artículo mostraba un páramo de ramas tronchadas  que, gracias a la diligencia de los operarios, permitía disfrutar de nuevas vistas sobre el complejo palaciego. Efectivamente, al fondo del desaguisado se atisbaba un trocito de la fachada posterior del Palacio. Solo un trocito, porque todavía quedaba una pantalla de hermosos árboles que, a buen seguro, están en el punto de mira de desbrozadores y creadores de nuevas perspectivas. Hay que reconocer que el camino del Pelazo, desconocido hasta ahora por los Tour Operadores, debería ser una senda más frecuentada por el turismo en Comillas. Además de la trastienda del Palacio, visitarían el aljibe del agua potable y una colección de antenas de telefonía móvil de lo más sugerentes.


¿Vertedero? En absoluto. Ee trata de la parcela privada del Jardín del Palacio, desbrozada para
ahuyentar los osos pardos que en ella se escondían

Según el mencionado artículo, las razones esgrimidas por los demandantes del estupendo pelado vegetal fueron el riesgo de incendio, la apertura de nuevas vistas y, sobre todo, la presencia entre la espesura de una fauna silvestre agresiva, como varios modelos de culebrillas, zorrerío y ratonerío campestre. El resultado de la intervención ha sido espectacular, ya que el conjunto arquitectónico del Palacio, antes recortado sobre una zona verde y tupida, ahora se dibuja sobre una calva amarillenta perfectamente rapada al cero. Una deferencia a los visitantes de Palencia que se sentirán como en su casa.

El Jardín Histórico de Sobrellano no es ni la sombra de lo que fue. Sus límites se han venido recortando con los años hasta quedar reducido a un mezquino cinturón de grava polvorienta y algo de hierba, salpicado de extrañas esculturas que siguen preguntándose qué hacen en semejante lugar. Todo cercado por una verja metálica de polígono industrial. La última depredación, la peor, data de finales del siglo XX y sus efectos han sido demoledores. Antes de ser declarado Bien de Interés Cultural (BIC), lo poco que quedaba del primitivo Parque y Jardín, que recubría y arropaba la zona posterior del Palacio y de su Capilla panteón, fue troceado sobre plano en una mesa un despacho y vendido. La idea era construir en esas parcelitas un hotel de cinco estrellas y un puñado de casas de lujo. Unos cuantos sacarían tajada a costa del patrimonio cultural e histórico de la villa. Pocos en Comillas se alarmaron. Era un negocio “privado” y el primer admirador y promotor de la estúpida idea fue un alcalde, ex taxista, experto en urbanismos avanzados.

Sin embargo, tras la declaración oficial del BIC las parcelas quedaron incluidas dentro de sus límites, perdiendo valor inmobiliario. Fue un loco ejemplo de descoordinación entre autoridades y promotores. Afortunadamente, ese tipo de lamentables desencuentros desapareció posteriormente, gracias a las engrasadas normas establecidas entre alcaldes y constructores de Cantabria, con el premio de varias docenas de sentencias judiciales de demolición. Pero, en el caso de Sobrellano los compradores de las parcelas se enfadaron una barbaridad. Algunos decidieron deforestar (arrasar, machacar, triturar) sus terrenos, quizá por despecho, quizá para que nadie pudiera jamás argumentar sobre la presencia de árboles a proteger o quizá con la gran excusa de la prevención de incendios, según parece muy habituales en los húmedos jardines urbanos de Cantabria.

Magnífica vista de la trasera del Palacio, obtenida por el reciente desbroce. Sobran algunos árboles.

Un vecino de Comillas, infectado con una rara enfermedad llamada “sensibilidad cultural”, severamente complicada por otra grave dolencia llamada “aprecio al patrimonio natural”, viendo el sesgo que tomaban los acontecimientos, adquirió una de las parcelas. La idea era rehabilitar su masa forestal original, protegerla y potenciarla en lo posible. Al encontrarse justo en medio del resto de las parcelas, se convertía en un obstáculo ante futuras aventuras inmobiliarias. Evidentemente los enamorados del cemento, que son legión por estas latitudes y tienen horror a la faunilla silvestre y a los árboles, no les miraron con buenos ojos. No obstante, ese vecino enfermo se dedicó a limpiar, reforestar y cuidar su exuberante y saneada parcela en beneficio de la comunidad y del patrimonio. Para ello recurrieron a jardineros y paisajistas de renombre internacional, como Manuel Gómez Anuarbe o Narciso Maisterra.

Por su parte, la parcela que albergaba el Jardín simbólico, con todos sus elementos románticos y esotéricos, con sus especies forestales (grandes encinas cantábricas, palmeras exóticas, hayas purpúreas, robles, tejos,…), con su reproducción de una gruta prehistórica, de una ruina romántica, con el estanque, el mirador belvedere y sus columnatas romanas, sus paseos y recorridos, había sido comprada por un especulador de Santander, cayendo después en el más abyecto abandono. El saqueo de esta maravillosa muestra de Jardín ochocentista y romántico fue paulatino… y aún sigue.


Zona de la gruta prehistórica en el Jardín Histórico de Sobrellano (Comillas)

Cubierto de malezas y zarzas, el Jardín pronto adquirió un aspecto preocupante. Sus senderos, bancos y rotondas se desdibujaron. Su gruta artificial, el espacio donde el señor marqués mostraba sus hallazgos arqueológicos, se llenó de preservativos, latas, cristales, botellas de plástico y pintadas que recubrían las réplicas de pinturas rupestres. El Belvedere, al que ascendía el señor marqués para ver el mar y su Seminario, fue asaltado. Las columnas romanas que lo adornaban, traídas desde Julióbriga, fueron sustraídas o tiradas cuesta abajo con gran regocijo de mozos asilvestrados. Los árboles más nobles de la parcela y más próximos al camino público fueron convertidos en astillas para chimenea, obligando al propietario enfermo de “sensibilidad” a vallar su terreno para intentar disuadir a los leñadores espontáneos. Leñadores que vivían peligrosamente cerca del Jardín, fuente gratuita de combustible, y habían sido favorecidos por el moderno asfaltado del camino que secciona el Parque y Jardín.

Por éstas y otras inconfesables razones, el barrido amazónico llevado a cabo en una de las parcelas del Palacio sería una noticia ridícula, de no ser por lo que representa. Sin embargo, está llena de mensajes. Nos recuerda la destrucción del Parque y Jardín de Sobrellano como muestra de desprecio a la cultura y la historia por parte de una comunidad que, en un claro caso de esquizofrenia social, vive de un turismo que es atraído por esa cultura y esa historia. El despiece y venta del Parque y Jardín, además de un estúpido error, empobreció el patrimonio monumental de Comillas. A cambio de tan continuado destrozo, los responsables directos e indirectos del mismo nos han dejado una colección de casas vulgares, plantada entre el Palacio y el barrio de Rubárcena, que podía haber afeado cualquier otro lugar.

El expolio del Parque y el Jardín incluso significó perder para siempre una bella columna de piedra, coronada por un león sedente, que marcaba el límite occidental del Parque original. La pieza fue retirada de su histórico emplazamiento por el alcalde ex - taxista, golpeada, desmochada y luego tristemente almacenada. Una lamentable copia de aquella pieza adorna hoy una rotonda en el barrio comillano de Estrada como recuerdo de la barbarie. La supuesta réplica debería disponer de una gran placa en piedra que explicara, en varios idiomas, la absurda presencia de esa especie de chucho subido en una columna, para información a las futuras generaciones de comillanos.

En otras regiones de Europa, los jardines históricos tienen idéntico o mayor valor que los edificios a los que abrazan y embellecen, no entendiéndose los unos sin los otros. La realidad es que los grandes jardines europeos de los siglos XVII al XIX atraen un turismo de enorme calidad y en todas las épocas del año. Pero en Comillas y su entorno, comarca mucho más avanzada que el resto de Europa en materia de depredación inmobiliaria, los Jardines históricos son considerados, salvo honrosas y extrañas excepciones, como solares edificables.


Los años y las décadas pasan sobre una joya de Cantabria sin que las autoridades locales y regionales muevan un  solo dedo para recuperarla en su integridad. La ecléctica y exagerada arquitectura del Palacio de Sobrellano se convierte así en una mueca plantada en un entorno sometido a lenta degradación. Sin su Jardín, sin su gran Parque, con su pradera transformada en eventual aparcamiento o escenario de ferias donde se vende comida, chuches o saltos en colchoneta, el Palacio está amputado. Si la degeneración continúa y el Palacio pierde su ropaje verde el conjunto quedará reducido a un decorado pseudogótico de cartón piedra, un adorno cateto y recargado que se ilumina de noche con luces de colores. Será otra de las víctimas, quizá tardía, de la feroz especulación inmobiliaria que hoy nos tiene instalados en la miseria.

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