LAS PENAS y ALEGRÍAS DEL MEDIO AMBIENTE, sus políticas y sus políticos.

jueves, 17 de octubre de 2013

DE MADRID AL CIELO
Bangui pide paso


Desde hace unos años, la vieja y tonta frase promocional “De Madrid al Cielo”,  que viene a ensalzar las bellezas y cualidades de la capital del Reino de España, empieza a tener sentido. Efectivamente, en estos últimos años los madrileños se encuentran más cerca del cielo porque su esperanza de vida se acorta. Para el Comisario de Medio Ambiente de la Unión Europea, el polaco Janez Potocnik, la contaminación atmosférica de Madrid (y la de Barcelona) resulta tan desesperante y recalcitrante que está dispuesto a llevar al Reino de España ante los tribunales europeos.

Según el último informe de Agencia Europea de Medio Ambiente (Air quality in Europe – 2013 Report), la suciedad del aire respirado por los europeos afecta al 90% de la población y acorta la vida de 430.000 ciudadanos cada año. Especialmente sangrante es la persistencia de niveles de contaminación por partículas (PM) y por ozono, así como la ausencia de planes y programas eficaces que pongan freno a esta alarma sanitaria. Algunas de las más sucias ciudades europeas son españolas.

Las autoridades municipales de Madrid llevan años mareando a la Unión Europea con tibios Planes de Calidad del Aire que eluden los problemas de fondo con actuaciones inútiles o simplemente recaudatorias (establecimiento de ZBE con tarifas especiales por aparcar), dilatando la adopción de verdaderas estrategias de choque, como son las restricciones a la circulación privada. El último Plan, presentado en mayo de 2012, como excusa o acompañante de una solicitud de moratoria de cinco años, ante la amenaza de que España acabara en los tribunales, ha servido para poco. Si alguna mejora se ha notado en el aire madrileño ha sido por las intensas lluvias y la favorable climatología observada en los últimos 15 meses, además de la visible disminución de automóviles privados circulando por la ciudad a causa de la brutal crisis socioeconómica.




La solicitada moratoria de cinco años para cumplir con las Directivas fue rechazada por la Comisión Europea. En consecuencia, el Plan de Calidad del Aire  2012 – 2015 se ve forzado a tomar nuevas medidas. La más novedosa es la subvención otorgada por el Ayuntamiento para la compra de 600 taxis “híbridos”. Con esta ayuda, que afectaría al 3,8% de la flota de taxis (unas 15.700 unidades) y que representa el 0,03% del parque total de automóviles susceptible de moverse por la ciudad (cerca de dos millones), el Ayuntamiento espera cumplir las Directivas y evitar la multimillonaria multa. Al parecer, y según portavoces municipales, los taxis serían responsables de la persistente contaminación atmosférica de la capital.

Cuando se insinúa la oportunidad de adoptar medidas más contundentes contra la contaminación, como las establecidas por 200 ciudades europeas dentro de las normas EURO de emisiones de vehículos, el Ayuntamiento las rechaza alegando no desear crear “alarma social”, no causar “molestias” a los ciudadanos y no provocar “daños a la actividad económica”. Parece ser que acortar la esperanza de vida en un año de media, someter a los ciudadanos a mayor riesgo de contraer cáncer (informe OMS sobre el muy probable efecto cancerígeno de las partículas (PM de 10, 5 y 2,5 micras de diámetro) y padecer enfermedades pulmonares y cardiovasculares no son factores que causen alarma social, molestias o daños económicos. Deben ser estupendos sistemas para pasar de "Madrid al Cielo" más deprisa y así cumplir con la frase publicitaria.

 
Los taxis de Madrid ¿grandes responsables de la contaminación?

Sin embargo, los ciudadanos de Madrid parecen estar hasta el gorro de su ciudad y de sus autoridades municipales. Al menos, eso es  lo que revela el Eurobarómetro y su encuesta sobre calidad de vida (Audit Urban), presentada con motivo de los Open Days- 2013 celebrados dentro de la 11ª Semana Europea de Regiones y Ciudades (Bruselas 7 – 10 de octubre 2013). El resultado de la encuesta (en 2007 y 2009 se realizaron las anteriores) es descorazonador para Madrid. La ciudad  baja en casi todos los parámetros de calidad de vida y se coloca en el pelotón de cola de las 79 ciudades europeas auditadas. Lo más llamativo, después de lamentarse del ruido, de la suciedad y de la contaminación, es que el 60% de los madrileños dicen no fiarse de sus autoridades.

Tras el bochornoso descalabro de la candidatura olímpica 2020, arrastrando la deuda de casi 5.000 millones de euros que la ciudad mantendrá a finales de este año, con un Plan de Ajuste económico que ha llenado las calles de basuras, baches, agujeros y graffitis, tras la brutal subida del Impuesto de Bienes Inmuebles y de otras tasas municipales, solo nos falta, como guinda, la multa que Bruselas nos atizará por no reconducir los contaminantes del aire a sus límites legales.

A la vista de estas percepciones y realidades no es extraño que Madrid pierda visitantes extranjeros y olimpiadas, que su comercio languidezca o que su flamante aeropuerto tenga crisis de viajeros. Alguien (algunos), claramente inferior (inferiores), está (están) haciendo las cosas rematadamente mal. Por respeto a la verdad, hay que reconocer que en Bangui quizá no lo harían mucho mejor que en Madrid, pero allí no se les ocurre la memez “De Bangui al Cielo”. A no ser, claro está, que te tiroteen desde un desvencijado 4x4 repleto de milicianos del “Seleka” en una polvorienta calle. 

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