LAS PENAS y ALEGRÍAS DEL MEDIO AMBIENTE, sus políticas y sus políticos.

viernes, 16 de enero de 2015

EL AÑO 2015 PROMETE
Entrando en la nueva realidad


El desastre del cambio climático está indisolublemente unido a un determinado modelo energético. También puede asegurarse que los esfuerzos por proteger el medio ambiente disminuyen cuando hay que competir con otras prioridades, como son las ansias del capital en mantener sus ingresos o los buenos deseos de conservar y acrecentar los beneficios sociales.

Según los analistas del neoliberalismo, el mundo global se encamina hacia una suave, pero duradera, recesión. Un estancamiento similar al que azota Japón desde hace veinte años. Hasta ayer mismo, el responsable de la temida (¿) deflación era el petróleo. Ahora, al combustible fósil se le une el cobre, que baja de precio ante mercados estupefactos por una sociedad de consumo que ya no consume lo que debiera. Consecuencia lógica si te dedicas a bajar salarios y disminuir el poder adquisitivo del ciudadano. Son las entupidas incoherencias del fundamentalismo neoliberal.

Desde Goldman Sachs advierten que los precios del petróleo pueden descender hasta los 40 dólares por barril o menos, aunque los árabes no tendrían mayor inconveniente en forzar la bajada hasta los 20 dólares y soportar tranquilamente dos años de travesía del desierto en un mercado ahogado en crudo. La postura de Arabia Saudita es razonable en el presente modelo económico: si desea mantener su cuota de mercado, debe arruinar el petróleo de Rusia, el de los esquistos norteamericanos exprimidos o el extraído, con grandes costes, en las aguas profundas brasileñas o angoleñas.

El jueves 15 de enero de 2015 volvían a descender los precios hasta los 46 $ por barril, poniendo contra las cuerdas al petróleo del Mar del Norte, con Noruega y Escocia como víctimas. En los muelles de Aberdeen hoy se respira un ambiente pesado y gris, en la disyuntiva de cerrar la producción, enviando al paro a miles de personas, o bien mantenerla, con pérdidas hasta que pase la tormenta. En las Bolsas mundiales, las empresas ligadas a la industria del petróleo ven gotear el valor de sus acciones. Las de Haliburton han bajado el 50% desde el verano; las de la francesa Total un 25%; las de la española Repsol el 23% en seis meses.

No se piense que el camino hacia el abismo energético está cuidadosamente planificado. Es el resultado de cálculos a muy corto plazo, de apuestas inverosímiles y desacertadas, del rápido beneficio accionarial y de una economía meramente especulativa e inmediata. Los "sabios" de la economía liberal no anticipan más allá de una semana. No indagan en el devenir de las sociedades. No planifican ni analizan. Algo muy normal, ya que la economía de mercado no entiende de política ni de futuro. Tan solo necesita (exige) libertad para actuar sin trabas ni regulaciones, minuto a minuto. La burbuja petrolera está servida. Y si las cosas salen mal, siempre están los políticos para pagar los platos rotos con dinero del contribuyente: autopistas vacías, aeropuertos sin aviones, bancos quebrados por gerentes estafadores, hospitales privatizados y en ruina, almacenes de gas que generan terremotos,...

Hoy, 16 de enero de 2015, llega la noticia de que Repsol abandona sus polémicas prospecciones petroleras en aguas de las Islas Canarias. Según informan los medios, los tejanos de Rowan se marchan tras descubrir, supuestamente, la escasa o nula cantidad de petróleo localizado. La razón es poco creíble. Una empresa como Repsol no puede anunciar la existencia de 150.000 barriles diarios en un yacimiento y justificar con ello una millonaria (unos 100 millones de euros) y conflictiva inversión si no tiene las ideas muy claras. Otra cosa es que el petróleo encontrado sea de baja calidad. 

Malo para la Marca España. Malo para la imagen de Repsol. Malo para el gobierno de la nación que no dudó en confiar ciegamente en una corporación petrolera, involucrando a nuestros militares (Armada) y enfrentándose con buena parte de la población de Canarias, con su gobierno regional y con el movimiento ecologista internacional. La apuesta de los directivos de Repsol era una burbuja que ha estallado en la cara de demasiadas personas, a pesar de los avisos y llamadas a la prudencia.   

Hace dos meses, el 18 de noviembre de 2014, en este mismo blog se publicaba una entrada titulada PETROLEO EN CANARIAS – Descorazonador. En ella se daba cuenta del 85% de posibilidades de que el petróleo canario, en el hipotético caso de existir en cantidades significativas, fuera de mala calidad y no sirviera ni para asfaltar una carretera local. La razón para la espantada de Repsol-Rowan tiene, seguramente, otro motivo: la brutal caída de los precios del crudo que está haciendo retroceder las inversiones en crudos extremos o de baja calidad por todo el planeta. En ese caso, no sería un fracaso técnico, sino una "cagada" de sus directivos. Pero siempre es mejor culpar a los empleados técnicos y ocultar las nefastas decisiones de empresarios incapaces. Sin desear profundizar en las razones últimas del fiasco, hace dos días surgió un incidente en aguas de Canarias que puso de manifiesto el nerviosismo de Repsol-Rowan y la idiota gestión del circo petrolero.

Al parecer, un pequeño buque oceanográfico del Gobierno de Canarias, llevando a bordo investigadores de las universidades de La Laguna y de Las Palmas, realizaba trabajos científicos a dos millas del buque de prospección “Rowan Renaissance”. A pesar de mantenerse al doble de la distancia de seguridad exigida (una milla), los tejanos se acercaron al oceanográfico y le conminaron a abandonar la zona. Como carecían de autoridad para ello, los norteamericanos se dedicaron a sabotear los trabajos científicos acelerando los motores de sus buques supplies para perturbar las ecosondas de investigación. La Dirección General de la Marina Mercante (Ministerio de Fomento) emitió una queja oficial ante Repsol al conocer el injustificado “acoso” a un “buque del Estado”.    

Mientras unos lloran amargamente la caída de precios en ciertas materias primas, otros podrían estar de fiesta. Si el petróleo ha sido un caudaloso torrente de dinero fluyendo desde el bolsillo de los importadores hasta las arcas de los productores, ese caudal ha bajado de forma espectacular. Las sociedades de la “Zona euro” se encuentran, de repente, con ingentes cantidades de euros entre las manos, por mucho que descienda su valor frente al dólar y el franco suizo.

Si la clase política de la “Zona euro” tuviera la capacidad de gobernar en libertad y sin la brutal presión de los lobbies, emplearía este dinero en preparar a la sociedad para un futuro sediento de petróleo y en grave penuria energética. Porque los bajos precios tienen temibles consecuencias. La primera es que se están reduciendo las inversiones en nuevos yacimientos que retrasen la futura escasez. Aunque, para ser correctos, los nuevos yacimientos “extremos” solamente representan el 6% de las actuales reservas y mantener la actual producción de petróleo significa tener la capacidad de reemplazar la mitad de esa producción cada diez años.

Para evitar el desabastecimiento se necesitaría poner en marcha cuatro Arabias Sauditas. Como eso queda fuera del alcance del planeta, es inevitable el paulatino declive de la sociedad termo-industrial. Pero antes de que llegue la crisis, la fiesta está empezando: la bajada de precios en los hidrocarburos estimulará su consumo y se irán a hacer gárgaras las políticas de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. De hecho, ya se estaban reduciendo y retrasando esas políticas mediante la adecuada presión de la industria ejercida sobre los políticos.

En estos días, previos a la celebración en Paris de la cumbre del clima, se plantean muchas cuestiones sobre el futuro de la sociedad humana tal y como está hoy organizada en torno al petróleo. Nos anunciaban ayer que la subida del nivel medio del mar se ha acelerado en los últimos diez años, al pasar de los 1,3 milímetros anuales registrados entre 1901 y 1990, hasta los 3 milímetros por año. Nos dicen hoy que respirar las partículas (PM10) del aire en las ciudades contaminadas, aunque sea en mínimas cantidades, puede tener graves consecuencias en los siguientes cinco días: accidente cerebral vascular; infarto, aneurisma, angina de pecho y embolia pulmonar. Nos dicen que, si no deseamos superar los 2ºC de aumento de las temperaturas, será imprescindible dejar enterrados en suelo los dos tercios de los combustibles fósiles existentes en la corteza terrestre y empezar a desinvertir en las empresas y corporaciones ligadas a esos recursos.

Explica el Partido Popular, actualmente en el gobierno del Reino de España, que tendrá que dedicar los próximos meses a explicar a los españoles la “Nueva Realidad”. Es evidente que se trataría de “su” realidad. Posiblemente tendrá que decir que la sociedad española no regresará a la juerga de 2000 - 2007. Que en años venideros el desempleo será estructural y que, como anuncian los neoliberales en Holanda, hay que ir hacia una “sociedad participativa” en la que el Estado pierde su capacidad (su interés) en impulsar el bienestar y la felicidad del ciudadano. También dirá que las amenazas del terrorismo internacional a esta “realidad” justificará algunos sacrificios en nuestras libertades y derechos.

Sería deseable que en esa anunciada “Realidad” apareciera la realidad energética de la nación a medio y largo plazo, con su temible dependencia del petróleo; la realidad de respirar aire contaminado y morir antes de tiempo por su causa. La realidad de la erosión costera y el inventario de daños previstos en bienes y personas ante la subida del nivel del mar; la realidad de los cuatro o cinco grados suplementarios de temperatura esperados en el sudeste del país; la realidad de la inevitable desaparición del 90% de nuestras playas y el futuro caos de nuestro turismo “de sol y playa”.

También es de esperar que conozcamos la realidad del cataclismo que causamos en el ciclo del nitrógeno yd el fósforo, a causa de una agricultura y ganaderia nacionales ante los pesticidas, fosfatos, nitratos y purines que anegan las tierras; la realidad de las futuras inundaciones por lluvias torrenciales; la realidad de las nuevas enfermedades ambientales y de los venenos que las inducen o directamente las provocan: la realidad de la creciente hecatombe en la fertilidad de los hombres españoles a causa de los perturbadores hormonales que ingerimos a diario; la realidad de la paulatina destrucción acelerada de las tierras fértiles que tendrían que alimentar a nuestros nietos. Estaremos expectantes ante éstas y otras realidades del 2015.


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